Criada entre libros de teoría social y libretas de apuntes periodísticos, Maya Alejandra Rodríguez Reyes creció escuchando dos idiomas que el mundo académico raramente pone a conversar: el de la sociología y el de la justicia. Hija de un profesor de sociología y de una catedrática de ciencias políticas que además preside como vicepresidenta el Colegio de Abogados de Puerto Rico, Maya no tuvo que buscar lejos para encontrar su vocación. La tenía en la mesa del comedor cada noche.

Maya Alejandra Rodríguez Reyes, suministrada
Nacida en San Juan y criada en Río Piedras, en el mismo barrio que alberga el recinto universitario que la formaría años después, Maya descubrió que observar la sociedad no era una habilidad que se aprende en un salón de clases. Era una herencia. Pero fue un libro, no una conversación familiar, lo que terminó de definir su dirección. Al abrir Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, encontró algo que los manuales de redacción nunca le habían ofrecido: la prueba de que una narrativa bien construida puede recuperar lo que el poder intenta enterrar. La masacre de las bananeras, borrada de los registros oficiales colombianos durante décadas, vivía intacta en las páginas de una novela. Mendoza y Thomas (2019) documentan precisamente eso: cómo García Márquez convirtió la literatura en un acto de resistencia contra el olvido institucional, violencia estructural, imperialismo económico y manipulación histórica en una sola obra.
Esa revelación la llevó a hacer lo que pocos estudiantes de comunicación se atreven: abandonar la comodidad de una sola disciplina. En 2016 ingresó al Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico con una concentración en comunicación, pero la repetitividad de los cursos y la ausencia de formación en periodismo investigativo la empujaron hacia la sociología. No como reemplazo, sino como complemento. Terminó con una concentración en sociología, una menor en periodismo, otra en derechos humanos y un certificado en estudios de género. Cuatro perspectivas para mirar un mismo mundo.
“La sociología es teórica y relativa. El periodismo es práctico y basado en datos”, describe Reyes, consciente de que habita el espacio incómodo entre ambos mundos. Un espacio que, lejos de limitarla, se ha convertido en su ventaja más singular. Como menciona el trabajo La empatía del periodista: un arma de doble filo (Durán Baizán, 2018), “la persona más creativa y más innovadora es aquella que llega a su límite a través de la empatía”. Mientras la mayoría de los periodistas llegan a un tema de violencia de género, crisis judicial o desigualdad económica armados únicamente de preguntas, Maya llega también con marcos teóricos que le permiten identificar los sesgos desde el inicio.
Después de completar estudios graduados en sociología en Illinois College, regresó a Puerto Rico enfrentando la pregunta que todo académico teme: ¿y ahora qué? La respuesta fue matricularse en una segunda maestría, esta vez en Periodismo, en la Universidad del Sagrado Corazón. Fue allí donde en 2025 todo cambió, pulió su escritura y su mirada hacia los temas polarizantes y los dilemas culturales los puede fiscalizar a través de los datos.
La influencia de su madre resuena con particular fuerza en su trabajo. Una abogada que fiscaliza el sistema desde adentro le enseñó que el análisis crítico no es una postura intelectual sino una obligación cívica. Su padre, le enseñó a desconfiar de las explicaciones simples. García Márquez le enseñó que la verdad más poderosa a veces necesita una historia para sobrevivir.
Reyes escribe desde su dinamismo. Y en Puerto Rico, donde los temas sociales más urgentes siguen esperando periodistas que sepan analizarlos en su totalidad.
